Prólogo

por Pablo Wiegand Garnham


La literatura infantil se ha visto enriquecida con la aparición de esta colección de cuentos para niños. Al leerlos, no sólo nos ha llamado la atención el estilo sencillo, directo, sobrio y culto, que enriquece el vocabulario del joven lector, sino también, la belleza de las imágenes y lo apasionante del relato, que hace que el lector se interese y aun, que se identifique con las correrías del protagonista, hasta el punto de vivir como propia la aventura allí narrada.
Una gran diferencia con las grandes obras de la literatura infantil, pero que por eso mismo, sitúa a ésta entre aquellas, reside en la finalidad que ha tenido el autor de estos cuentos. Son cuentos que están dirigidos a los niños. Su intención es, no sólo distraerlos, sino también, darles a conocer la riqueza de la naturaleza humana, exaltar sus valores positivos y rechazar la fealdad de otras aristas no tan bellas de ella. No existe, en estos cuentos, una tercera intención que deba leerse entre líneas, ni existe en ellos otra finalidad de mayor complejidad, como en el caso de cuentos tan bellos como Alicia en el País de las Maravillas. Es, precisamente en ello en lo cual radica su mayor mérito y valor educativo.
Esta doble finalidad se ha logrado con pleno éxito. La lección educativa que el cuento encierra, es captada por el lector, sin mayor dificultad, y así es que, al identificarse con el protagonista, hace suyos dichos valores de lealtad, honradez, valentía y rectitud, que en ellos se exaltan.
Hay quizás una enseñanza, que tiene gran importancia, pero, que sólo es asimilada inconscientemente por el lector. La imaginación, esa potencia del alma humana, que lo hace viajar por parajes tan bellos y lo hace vibrar de emoción, es una realidad interior, a la cual, cada uno de nosotros, tiene acceso si se de descubre aquella puerta misteriosa, que se encuentra detrás de ese mundo agitado que nos rodea, en el silencio de la vida interior de cada persona.
Los cuentos aquí presentados, no sólo constituyen una obra de arte literario. A esto hay que agregar el arte pictórico, con el cual el autor ha querido completar su obra. Su pincel, al igual que la pluma, brinda en las ilustraciones aquí reproducidas, cuadros de verdadero valor artístico.
Estas ilustraciones ayudan al niño en su aventura y lo guían hacia donde el autor quiere llevar sus pasos. Al mismo tiempo, lo hacen enriquecer la representación imaginativa de las escenas del cuento aludida por ella, con una riqueza de forma y color de gran belleza.
Aquellos que se preocupan por la educación de los niños, no podrán dejar de ver, en estos cuentos, un aporte valioso a la enseñanza artística y literaria de ellos. Imagen y palabra, color y símbolo, se unen armoniosamente para enriquecer interiormente al lector. A través de estos instrumentos, el autor transmite aquellos valores que lleva consigo y que ha logrado estampar magistralmente en esta obra de arte literaria y pictórica.
Hay que sumar a ello, la exaltación de valores y normas de vida, que dicen relación con la formación de aquellas cualidades, que hace a los grandes hombres de ahora y de siempre y, que hoy, más que nunca, nos parece necesario llamar a imitar.
Las virtudes de esta obra que hemos comentado, nos ha llevado a aceptar el honor que se nos ha hecho al pedírsenos escribir estas líneas introductorias a tan bella y valiosa obra, que no sólo recrea, sino que educa recreando y recrea educando.

Pablo Wiegand Garnham
Licenciado en Filosofía y Educación
Universidad Católica de Valparaíso

Profesor de Filosofía y Educación
Universidad Católica de Valparaíso y Universidad de Chile de Valparaíso, 1974.

Profesor de Universidad Católica de Chile,
Programas de Grados Académicos, 1974.

Diploma en Educación, Universidad de Londres,
Instituto de Educación, 1973.

Master of Arts in Comparative Education
Institute of Education, University of London, 1974.


Carlos León

(Novelista, cuentista y cronista porteño. 1916 - 1988)

Don Fernando:
He leído con fruición su hermoso libro. Creo que deleitará por igual a los niños y a los adultos. A los primeros por la gracia de los personajes y lo apasionante de sus aventuras; a los otros por la nobleza y equilibrio del estilo.
Cada relato y a veces cada frase, sin pretensiones moralizadoras que les hubieren restado frescura, constituyen una inteligente lección.
La granja de la señora Ursula, un pequeño cosmos, poblada de deliciosos oradores, muchísimo más entretenidos que los dedicados a salvar el mundo, vive con la espontaneidad rumorosa de un arroyo.
Mariela, audaz y aventurera. Federico, el personaje principal de Adelina, tal vez el mejor de los cuentos y así todos y cada uno de los que forman el libro me han deparado momentos gratísimos. Las ilustraciones bellísimas.
Creo que en Ud. existe auténtica garra de narrador.

Gracias y felicitaciones.


Carlos León
Valparaíso, Julio 1973


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